El libro de Proverbios, escrito en su mayoría por el rey Salomón (el hombre más sabio de su época), nos da una instrucción que va en contra del orgullo humano. Nuestra naturaleza caída nos impulsa constantemente a creer que tenemos las respuestas, a basarnos en nuestra experiencia, intelecto o lógica. A eso la Biblia le llama "propia prudencia".
Fiarse de Jehová de "todo" el corazón implica una entrega sin reservas. No se trata de confiarle a Dios el 90% de nuestras vidas y retener el 10% de nuestras finanzas o relaciones. La confianza absoluta exige soltar el timón. Reconocerlo en todos nuestros caminos significa consultarle a través de la oración y la Palabra antes de tomar cualquier decisión, dándole a Él la máxima autoridad sobre nuestro proyecto de vida.
La promesa que acompaña a este mandamiento es extraordinaria: "Él enderezará tus veredas". Cuando nuestros planes se truncan, es fácil frustrarse. Pero cuando vivimos bajo este principio, entendemos que Dios apartará de nuestro camino los obstáculos destructivos, cerrará las puertas que nos harían daño y nos guiará por el camino de la rectitud. Nuestra única tarea es confiar; la de Él, es guiar.